Historia

La Mayordomia de Xicotepec

Los cargos tradicionales tienen una función religiosa y el principal es la mayordomía, que consiste en el patrocinio de la fiesta religiosa vinculada al santo patrón y a otros santos católicos. Otros cargos de menor importancia son diputados, esquineros, padrinos de las imágenes, etcétera, que ayudan en los gastos de cohetes, flores, ceras, preparación de la comida.
La mayordomía, ejercida voluntariamente, es una forma de demostrar la devoción hacia el santo y otorga prestigio a quien la cumple responsablemente. El mayordomo es el intermediario entre el santo y el grupo y debe ser espléndido y no escatimar gasto alguno.
Los nahuas de la Sierra aún conservan muchas prácticas religiosas producto del sincretismo, originado durante la Conquista, cuando se fusionó la religión prehispánica y la católica. Por lo general, estas prácticas se restringen a rituales de carácter doméstico y privado, y son dirigidas por especialistas religiosos que actúan al margen de los sacerdotes de la religión católica; éste es el caso de las mayordomías.

Se consideran prácticas religiosas tradicionales todas aquellas de carácter doméstico que tienen la finalidad de mantener o restituir el equilibrio entre el hombre y su entorno, como es un nacimiento, un deceso, bautizo, casamiento, construcción de una casa y su bendición, inicio de la siembra del maíz, peticiones de lluvia y curaciones. En todas estas prácticas intervienen el ritual oral, imágenes católicas y a veces figurillas prehispánicas, así como flores, incienso, aguardiente, velas y tabaco.
La organización de las fiestas patronales tiene como eje rector a la mayordomía, entendida como la institución tradicional para la organización social y ceremonial del pueblo. Una mayordomía es un cargo religioso representado casi siempre por una pareja, por lo general unida en matrimonio, aunque hay sus excepciones. Los mayordomos tienen el deber de cumplir con las exigencias que el cargo implica, en primer lugar cuidar y servir al santo por un año, en segundo lugar, organizar y financiar una fiesta en su honor, esto exige dedicación, tiempo, trabajo y dinero. El cargo tiene una duración de un año y es rotativo entre las personas del pueblo.
Los mayordomos ocupan un lugar central en la estructura organizativa de la comunidad, en ellos recae la responsabilidad de cuidar, organizar y solventar los gastos de la fiesta en honor a la imagen. Las personas que asumen el cargo son originarias del pueblo y lo hacen motivados por un profundo sentimiento de fe y devoción hacia la imagen; es una manera de agradecer los favores concedidos. La única recompensa que reciben los mayordomos por el esfuerzo y el trabajo realizado es el respeto y el prestigio que el pueblo les otorga por el buen desempeño de su cargo.


Las fiestas patronales tienen una función vital en los pueblos en general: asegurar la reproducción social y cultural de la comunidad. Existe un estrecho vínculo emocional entre los habitantes y los santos, que se nutre, recrea y renueva cada año en la fiesta. Los santos son los encargados de cuidar y proteger a la comunidad de los problemas cotidianos, en tanto que los habitantes corresponden con ofrendas y ceremonias en su honor. La fiesta también genera en los nativos un fuerte sentido de pertenencia, no solamente por el hecho de haber nacido en el pueblo sino también por participar de una u otra manera en la organización de la festividad, lo cual legitima su pertenencia a la comunidad y les da identidad.  
La fiesta de Juan Techachalco, fue instituida por los frailes agustinos en 1935 durante la evangelización de Xicotepec, cambiaron la fiesta del Quinto Sol que se celebraba en el equinoccio de primavera por el 24 de junio en honor de San Juan Bautista.
Los frailes, conscientes de la religiosidad tan profunda de los indígenas, fusionaron ambas celebridades bajo el rubro de “Fiesta de Juan Techachalco”, como símbolo del encuentro de 2 culturas.


La fiesta patronal, ha venido celebrándose desde entonces conjuntamente con la tradición prehispánica por los mayordomos representantes de los barrios que conformaban el pueblo.
Se acostumbraba que ocho días antes del 24 de junio, un conjunto de cuatro hombres llamados “Tocotines o Nana del gato”, de los cuáles, dos tocaban Teponaxtli y flauta mientras los otros bailaban portando machetes de madera pintada de rojo; recorrían el pueblo visitando casas y comercios donde bailaban por unas monedas para ayudar con los gastos de la fiesta pronunciando la siguiente estrofa:
“Xochipila nocha, nocha, omguala capitana.
Xochipila nocha, nocha, omguala capitana.
Chimalli xochiuca, axantenama, axantenama.
Chimeco, chimeco chute nomás.
Chimeco, chimeco chute nomás”.


En los machetes reverberaban los golpes de la madera contra la madera dando fin al baile. En seguida, los caseros y comerciantes daban su donativo. Mientras tanto, los mayordomos se ocupaban limpiando el adoratorio y la poza que decoraban con guirnaldas de flores, invitaban a diferentes grupos de danzantes y músicos, y llegaban los suministros suficientes para la fiesta.
Amanecía el día 24 de junio, a las once  de la mañana, una selva de cohetes y cámaras anunciaba la finalización de la procesión que partía de la iglesia hacia la Xochipila llevando en andas la escultura de San Juan Bautista, procesión que era encabezada por los mayordomos seguidos de danzantes y el pueblo.
En la Xochipila, veinte doncellas ataviadas a la usanza prehispánica, formando valla arrojaban flores al paso de los mayordomos. San Juan Bautista era colocado frente al Teponaxtli ceremonial, reafirmando el encuentro de las dos culturas.


Con el brasero ceremonial encendido, quemando incienso en lo alto del adoratorio y un sacerdote tocando la caracola a las cuatro regiones del mundo, el mayordomo mayor leía en voz alta y en lengua náhuatl, el libro sagrado del Tlalócan, enseguida y en unión de las doncellas se reunían en torno de la poza donde invocaban al espíritu de Techachalco. De acuerdo con la leyenda, Techachalco emergía del fondo de la poza en forma de pez destellando mil colores, prodigio que se consideraba de buen augurio, pues significaba abundancia de cosechas.
La legendaria aparición, sólo podía ser renovada por sacerdotes xochipiltecas en la fiesta del Quinto Sol.
En la actualidad la mayordomía de La Xochipila está integrada por cuatro personas. Primer Mayordomo: Froylán Ibarra Díaz de 1988 a la fecha. Segundo Mayordomo, José Montesino Ortega.
Tercera Mayordoma, Eloísa Melchor y, Josefina Sampayo Zavala, que es la Cuarta Mayordoma.
Estas mayordomías se van heredando, se escoge a un elemento joven de la familia al que se le van inculcando  las prácticas ceremoniales y ritos para que llegado el momento, pueda continuar con la encomienda.
La misión de tocar el Teponaxtli  recae ahora en el “Príncipe del Agua” Alfonso Montesinos Ortega, quien heredó de Don Ángel Calva, escogido por los espíritus desde hace más de treinta años para realizar esa tarea específica.
En la víspera del día 24 de junio, se reúnen todos los integrantes de las danzas asistentes de las diferentes comunidades en las casas de los mayordomos para hacer la “Danza de las Flores” éste es un rito prehispánico  compuesto de 24 sones, 12 al derecho y 12 al revés.
Las principales comunidades y danzas participantes son las siguientes: San Pedro Itztla, Nactanca Grande, Tlaxcalantongo, San Agustín Atlihuacán y Talpehuala con Los negritos; Nactanca Ejido con Los moros; Nactanca Grande con Los Santiagueros; Ahuaxintitla con Los toreadores;  El Tabacal y la Compañía de Jesús Carballo con la Danza Azteca.